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EN LA LISTA DE LA COMPRA

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En la lista de la compra A veces, los gestos admirables no necesitan ser heroicos. Basta un pequeño cambio en nuestra rutina para transformar la forma en que nos miran... y cómo nos miramos a nosotros mismos. Había decidido ponerla a prueba aquella misma mañana. La idea la había leído en un manual sobre habilidades sociales : empatía era lo que a él le faltaba. Y la propuesta era bien sencilla: mirar a los ojos, sonreír y dar las gracias . No culpaba a su carácter reservado, pero sabía que su ensimismamiento lo alejaba de la gente. La cajera ya le había dado el ticket junto con el cambio y terminado de colocarle la compra en la bolsa, mientras él, con la mirada baja, guardaba las monedas en su monedero. —Que tenga un buen día —escuchó. Le sonó bastante natural, nada fingido. Y entonces recordó su propósito. Guardó la cartera en el bolsillo, alzó los ojos y miró directamente a la cajera. Ella aún mantenía el rastro de su son...

ESTA VEZ, SÍ

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Lo había intentado todo. El vapeador, que le provocaba más tos que los cigarrillos. Los chicles de nicotina, que le revolvían el estómago. La hipnosis, donde se quedó dormido a los quince minutos. Incluso un curso online de un exfumador que aseguraba haber dejado el tabaco en tres días… viviendo en las montañas. Y nada. Siempre había un motivo: una llamada tensa, una discusión absurda, una celebración improvisada. O, simplemente, ese hueco que deja el “no saber qué hacer” cuando todo está en silencio. Y en ese hueco, él fumaba. Su hijo, de nueve años, ya no le pedía que lo dejara. Solo fruncía la nariz al entrar al coche. Y abría la ventana. Aquello dolía más que cualquier sermón. Aquel jueves llovía sin tregua. Le tocaba recogerlo a la salida del colegio. Salió con tiempo y aparcó cerca. Como faltaban aún veinte minutos, buscó su tabaco. No estaba. Rebuscó entre los bolsillos, en la guantera, debajo del asiento. Nada. —Mierda —dijo en voz ...

JUNTOS

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Juntos Todos salen del comedor en alegre tropel, trazando planes para el resto del día: visitas turísticas, compras, una partida de cartas o dominó, la retransmisión del partido en la televisión. El bullicio se dispersa en todas direcciones, como una bandada inquieta. Poco a poco, un matrimonio mayor queda atrás. Caminan despacio, sin prisas, y cuando los demás ya se han ido, avanzan solos, juntos, hacia la salida. Ella —tal vez fue profesora— avanza con la mirada algo extraviada, como perdida en un camino que, ella solan no se atrevería a seguir. Él —quizá un antiguo ejecutivo retirado hace décadas— podría ir más deprisa, pero ajusta sus pasos a los de ella. La toma de la mano para que se sienta segura, sin meterle prisa, con esa firmeza tierna que no necesita apremiar. También ellos tienen sus planes. Él le hablará del pasado: de los hijos que viven sus vidas en ciudades lejanas, de los nietos que ya cursan estudios universitarios. Le contará otra vez sus viajes, sus ver...

Gente Corriente. Gestos Admirables

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  Acerca de este blog Este blog nace de una mirada: la que busca lo admirable en lo cotidiano . Me llamo Ramiro J. Álvarez . Soy psicólogo, escritor y durante muchos años he acompañado a personas en sus procesos de crecimiento y cambio. A lo largo del camino, he aprendido que las personas verdaderamente admirables no siempre destacan ni hacen discursos: muchas veces pasan desapercibidas , pero dejan huella. Aquí comparto pequeñas historias reales. Las llamo Héroes Silenciosos : personas corrientes que, sin saberlo, hacen cosas admirables. Gestos que no buscan el reconocimiento, pero que transforman. Este blog es una extensión natural de mi libro: Superhéroes, Personas Admirables y Gente Corriente (que puedes conocer aquí: ver el libro ). Si alguna vez has sido testigo de un gesto así —una mano tendida, una espera generosa, una ternura inesperada—, estás en el lugar adecuado. Y si alguna vez lo has hecho tú mismo, quizá sin darte cuenta, también. Gracias por estar a...