JUNTOS

Juntos

Todos salen del comedor en alegre tropel, trazando planes para el resto del día: visitas turísticas, compras, una partida de cartas o dominó, la retransmisión del partido en la televisión. El bullicio se dispersa en todas direcciones, como una bandada inquieta.

Poco a poco, un matrimonio mayor queda atrás. Caminan despacio, sin prisas, y cuando los demás ya se han ido, avanzan solos, juntos, hacia la salida.

Ella —tal vez fue profesora— avanza con la mirada algo extraviada, como perdida en un camino que, ella solan no se atrevería a seguir.
Él —quizá un antiguo ejecutivo retirado hace décadas— podría ir más deprisa, pero ajusta sus pasos a los de ella. La toma de la mano para que se sienta segura, sin meterle prisa, con esa firmeza tierna que no necesita apremiar.

También ellos tienen sus planes.

Él le hablará del pasado: de los hijos que viven sus vidas en ciudades lejanas, de los nietos que ya cursan estudios universitarios.
Le contará otra vez sus viajes, sus veranos, las alegrías compartidas, alguna anécdota absurda que los hizo reír mil veces.

Para ella, quizá todo eso sea nuevo.
Tal vez ni siquiera comprenda las palabras.
Pero escuchará su voz, serena y fiel, como una brújula que aún apunta al hogar.
Y no se sentirá sola. Ni siquiera en medio del olvido.

Porque mientras él la acompañe en su desconcierto, la vida —su vida— seguirá teniendo sentido para ambos.


Este relato forma parte de la serie #HéroesSilenciosos, inspirada en mi libro Superhéroes, Personas Admirables y Gente Corriente.

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