EN LA LISTA DE LA COMPRA
En la lista de la compra
A veces, los gestos admirables no necesitan ser heroicos. Basta un pequeño cambio en nuestra rutina para transformar la forma en que nos miran... y cómo nos miramos a nosotros mismos.
Había decidido ponerla a prueba aquella misma mañana.
La idea la había leído en un manual sobre habilidades sociales: empatía era lo que a él le faltaba. Y la propuesta era bien sencilla: mirar a los ojos, sonreír y dar las gracias.
No culpaba a su carácter reservado, pero sabía que su ensimismamiento lo alejaba de la gente.
La cajera ya le había dado el ticket junto con el cambio y terminado de colocarle la compra en la bolsa, mientras él, con la mirada baja, guardaba las monedas en su monedero.
—Que tenga un buen día —escuchó.
Le sonó bastante natural, nada fingido. Y entonces recordó su propósito.
Guardó la cartera en el bolsillo, alzó los ojos y miró directamente a la cajera. Ella aún mantenía el rastro de su sonrisa, y eso facilitó que él le sonriera también, con naturalidad, sin afectación.
—Te deseo lo mismo —le respondió escuetamente, pero con la mejor y más sincera de sus sonrisas.
La mirada de la cajera le devolvió un “gracias” sin palabras, y él notó una sensación nueva: empatía.
Agarró la bolsa y salió del supermercado con un artículo que, hasta entonces, nunca había probado.
Y aquella mañana, la gente con la que se cruzaba parecía mirarlo con mayor simpatía.
Tardó un buen rato en darse cuenta de que se había dejado puesta la sonrisa al salir del supermercado.

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